7 LECCIONES PARA LA VIDA Y LA CANCHA

En Marzo cumplimos 7 años y se han pasado tan rápido, que vale la pena hacer una reflexión chiquita sobre lecciones que nuestra experiencia en M de Maní nos ha dejado para la vida. También las escribo pensando en que pueden ser útiles para quienes están en el camino de emprender, aunque no hay mejor maestra que la experiencia misma. ¡Espero que les gusten!

1.     Todos los días construir algo

Cuando nos planteamos hacer un proyecto o poner un negocio, solemos imaginarnos con el negocio funcionando a la perfección, un equipo grande de trabajo, bien posicionado en el mercado y con clientes leales. Pero para llegar ahí hay que hacer muchos esfuerzos que no son tan glamurosos como otros lo hacen ver en sus redes o como nosotros mismos lo soñamos. Es similar a lo que pasa en la vida real versus lo que vemos en Instagram. Sólo tú ves el día a día y, a diferencia de un trabajo normal o la escuela, no hay nadie que te diga si lo estás haciendo bien. Es muy desconcertante no tener aprobación para saber si vas bien y peo cuando no tienes la mínima idea de cómo funcionan tantas cosas de un negocio. Ahorita retomo esta idea, pero el aprendizaje que quiero compartir es que un buen indicador para saber si vas bien o si te estás acercando a la visión del proyecto que tienes, es avanzar. Todos los días dar un paso, por más mínimo que sea, darlo. Yo me acuerdo muy bien del día que hicimos nuestra primera webpage, no era perfecta y tenía muchas oportunidades de mejora, pero la hicimos. Y un par de días después, cuando sacamos nuestro primer correo con dominio de M de Maní. Son pequeños retos que vas alcanzando y que construyen, que van concretando tus ideas. Así seguimos trabajando, tratando de “palomear” al menos una cosa al día y no hay manera de no crecer, aunque algunos pasos no estén tan atinados, al final del día llevas mucha más ventaja sobre quien sigue soñando con su idea.

2.  Pedir ayuda fortalece

Ahorita decía que es peor el desconcierto cuando no sabes cómo operan los negocios o la industria en la que decidiste entrar. Ese es nuestro caso; como empezamos a trabajar en esto recién graduadas, no teníamos experiencia profesional ni la más mínima idea de cómo funciona la industria de alimentos o del retail en la vida real. Todo se aprende, eso no debe ser problema, pero ¡sale muy caro aprender a golpes!

El primer paso para poder pedir ayuda a alguien con más experiencia o conocimientos es reconocer que necesitamos la ayuda y eso requiere mucha humildad. Cuando estás recién graduado piensas que ya tienes todas las herramientas para ser exitoso y líder de cualquier equipo, pero hay que bajarse de ese pedestal y acercarse a proveedores, clientes y colegas con actitud de aprendizaje. A nosotros también nos han dado consejos muy valiosos nuestros familiares y amigos, otros emprendedores y un montón de libros. Si tienes la actitud de aprendizaje, hay información muy valiosa por doquier que te puede ayudar a dar pasos muy acertados basados en la experiencia de alguien más. Pedir ayuda no hace ver débil, al contrario, te abre las puertas para fortalecerte más rápido.

3.  No distraerte con otros

En todas las industrias hay copias, plagios o imitaciones. Es un tema todavía más grave ahora que tenemos redes y estamos conectados con todo el mundo; es facilísimo inspirarte en una idea que viste en Pinterest y copiarla sin saber quién la hizo o dónde se creó. Así de fácil también es que se copien de lo que estés haciendo y hay muy poco que puedes hacer por evitarlo. La lección que nosotros hemos aprendido es que no vale la pena desgastarse y perder energía por estar volteando a ver quién se está copiando. Yo me lo imagino como una carrera, si el corredor va volteando para atrás, preocupado por quién viene cerquita, le va a hacer más daño que bien; se va a torcer el cuello, va a perder velocidad seguramente si no es que se sale del camino, por estar distraído. Lo único valioso de voltear a ver a la competencia cuando hace imitaciones, es tratar de percibir qué hizo mejor; para ver qué áreas de oportunidad detectaron en tu propuesta. Y el lado positivo; si alguien está haciendo lo mismo que tú es porque le pareció buena idea! Como dice la frase: Imitation is the sincerest form of flattery.

4.  Ganar con actitud de ganar-ganar

Para negociar y lograr lo que tú quieres, no puedes sólo estar enfocado en lo que tú buscas conseguir, también tienes que poner atención a qué necesita la otra parte. Estar al pendiente de qué necesitan o qué valoran los demás, es una herramienta muy útil para poder sumar fuerzas y negociar. Esta disposición sirve muchísimo, no sólo negociando con clientes pero también para armar colaboraciones con otras marcas, tener mejores acuerdos con proveedores o llegar a consensos en general.

Además, si tú eres quien ofrece primero lo que el otro está buscando, sin pedir nada a cambio, logras un efecto muy bueno en la actitud de la otra persona y es todavía más fácil pedir algo de vuelta, porque se hace un ambiente positivo de colaboración.

5.  La insistencia gana

Estos días conocimos a una emprendedora que decía que ella no es intensa con sus clientes; si no quieren su producto, ella no está dispuesta a insistir porque ella no es así. Hasta hace poquito, a nosotros también nos daba pena parecer “necias” o “intensas” por insistir o darle seguimiento a las cosas con persistencia. La lección aquí es que la insistencia gana las batallas. Si mandas un correo y nadie te contesta y te das por vencida, vas a conseguir muy poco. (Me quedé con ganas de decirle esto a la chica de la anécdota pero no me estaba pidiendo mi opinión, así que la comparto aquí.🙊) Si tuviera que ponerle número, diría que en nuestra experiencia el 95% se logra insistiendo, así de importante. Ojalá alguien que lea esto le sirva para quitarse la pena, que creo que por alguna razón es un tema más fuerte entre mujeres por alguna razón, nos da pena ser percibidas como necias. Lograr los objetivos que tienes sin importarte cómo te van a percibir o qué van a pensar de ti, es un nivel de empoderamiento máximo, en el que trabajamos y al que aspiramos todo el tiempo.

6.  Planear es más importante que ejecutar

Tal vez no más importante, pero sí muy. Tomarse el tiempo para planear, desglosar las tareas y metas, hacer listas, asignar responsabilidades… es la parte difícil y laboriosa. Escribí otro artículo en donde hablo más de hacer listas y los obstáculos en ejecutarlas.

7.  Aprender tú primero a hacer las cosas

Regresando a la idea inicial del sueño dorado, el negocio emprendido en su máximo esplendor con un equipo de gente increíble trabajando… A menos de que estés empezando con mucho capital, es poco probable que tengas mucha gente trabajando contigo desde el día uno. En nuestro caso, Caty y yo estuvimos trabajando solas por varios años antes de tener equipo y, aunque es muy pesado, también nos dejó muchos aprendizajes de cómo se hace absolutamente todo lo relacionado a la operación. Cuando llegó el momento de contratar, se vuelve mucho más sencillo capacitar y saber qué esperar del trabajo de tu equipo; dónde se requieren refuerzos y dónde sobra talento. Cuando las cosas salen mal o dejan de funcionar, tú ya sabes cómo resolverlas (o con quién dirigirte para hacerlo). Luego, claro, está el reto de aprender a delegar y dejar ir pero eso es ooootro boleto.

Hasta aquí por hoy, ¡muchas gracias por leerme!

 

Sofía E.


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